Hay espacios que forman parte de la memoria de una ciudad. Lugares por los que han pasado generaciones y que, con el tiempo, necesitan adaptarse a nuevas formas de trabajar y de relacionarse con el cliente sin perder aquello que los hace reconocibles.
Ese era uno de los retos de la reforma del puesto de Frutería Zabalza, en el Mercado del II Ensanche de Pamplona: actualizar el espacio, mejorar su funcionalidad y crear una nueva imagen para el negocio manteniendo la conexión con sus raíces.
El resultado parte de una premisa muy clara: hacer que el espacio trabaje a favor del producto, de quienes trabajan en él y de quienes lo visitan.
Una de las primeras decisiones del proyecto fue apostar por una estética basada en materiales y colores naturales.
El hierro sin decapar, dejando visible la calamina, se empleó en tonos oscuros para crear una base sobre la que la iluminación pudiera hacer destacar el verdadero protagonista del puesto: el producto.
A esta elección se sumaron la cerámica porcelánica para el suelo y un acabado de dektón de aspecto similar para las encimeras. Materiales con una apariencia sobria y natural que ayudan a construir una imagen coherente con la propia actividad de la frutería.
Pero la materialidad no se quedó únicamente en los elementos más visibles.
En el techo se incorporó un panel acústico con una textura que recuerda a la paja, acompañado de tonos ocres inspirados en los colores de una huerta o de un prado después de la siega.
La intención era crear un conjunto en el que todos los elementos compartieran un mismo lenguaje.
Una celosía inspirada en el río Arga
La identidad de Zabalza también encontró su espacio dentro del propio diseño.
A partir del logotipo de la marca se diseñó una celosía inspirada en los meandros que forma el río Arga a su paso por la Cuenca de Pamplona, un paisaje estrechamente relacionado con la huerta y con el origen del producto que se vende en el puesto.
De esta manera, un elemento gráfico de la identidad de la frutería se convierte también en un recurso arquitectónico y decorativo.
No se trata únicamente de incorporar el logotipo al espacio, sino de interpretar aquello que representa y trasladarlo al diseño.
Diseñar para trabajar mejor
Uno de los principales retos de la reforma estaba en las propias dimensiones del puesto.
El espacio era estrecho y la distribución anterior condicionaba el trabajo diario. Por eso, una parte fundamental del proyecto consistió en reorganizarlo pensando en algo tan importante como la ergonomía de las personas que trabajan allí.
Los expositores se inclinaron para aprovechar mejor el espacio disponible y, al mismo tiempo, facilitar la exposición del producto.
También se incorporaron voladizos hacia el exterior, ampliando el área útil del puesto. Una solución que permite mejorar el espacio disponible para tareas como la manipulación y la preparación del producto y facilita el movimiento de las trabajadoras.
La reforma, por tanto, no se planteó únicamente desde lo que ve el cliente. También desde lo que ocurre detrás del mostrador.
Porque un espacio comercial tiene que funcionar tanto para quien compra como para quien trabaja en él cada día.
La iluminación como parte del diseño
En una frutería, el producto tiene una característica especialmente importante: el color forma parte de su atractivo.
Por eso, la iluminación se planteó conjuntamente con la elección de materiales. Los tonos oscuros de algunos elementos del puesto permiten generar contraste y hacer que, con la temperatura de luz adecuada, destaquen los colores de las frutas y verduras.
El objetivo no era llenar el espacio de luz, sino utilizarla de manera estratégica para poner en valor el producto y generar una determinada atmósfera.

Una nueva etapa para un espacio con historia
La reforma del puesto de Zabalza parte de una necesidad muy concreta, hacer más funcional un espacio de dimensiones reducidas, y termina abordando muchos más aspectos: identidad, materiales, iluminación, producto, ergonomía y experiencia del cliente.
Cada decisión responde a una misma intención: aprovechar mejor el espacio disponible y construir un entorno que represente a Zabalza hoy, manteniendo presente aquello que forma parte de su historia.
Porque reformar un espacio con trayectoria no consiste únicamente en cambiar lo que se ve.
También consiste en entender qué merece la pena conservar, qué necesita evolucionar y cómo conseguir que ambas cosas convivan en un mismo lugar.
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